El Anticipo

Cuesta creer que todo lo dicho y analizado tras el 22M haya caído –por ahora- en saco roto para el PSOE que, no olvidemos, ha sido el gran perdedor de las elecciones municipales y autonómicas. Después de estos resultados, muchos nos hemos preguntado sobre la conveniencia de un anticipo electoral, cuestión de la que el Gobierno parece no haberse dado por aludido. Más al contrario, los socialistas han dado toda suerte de argumentos para primero, restar importancia al asunto y recordar que las elecciones han de entenderse en el marco municipal y autonómico, y segundo volver a subrayar la importancia de seguir con el proyecto de reformas tan necesarias para nuestra economía.

Ser el presidente del gobierno y a la vez secretario general socialista como lo es Rodríguez Zapatero, cuando menos le hace a uno responsable de los éxitos y fracasos electorales del partido. Y este sin duda es lo segundo; fracaso es el hecho de perder millón y medio de votos, regiones o ciudades históricas como Castilla la Mancha, Barcelona o San Sebastián, no haber ganado ninguna de las capitales andaluzas y desplomarse en Valencia, Madrid y Murcia. Restarle a esto importancia es no querer asumir responsabilidades, y engañarse es traer la excusa territorial ahora que conviene. Pero lo peor es que este argumento es fácilmente rebatible a poco que se conozca el pasado de nuestro país, más si se tiene en cuenta lo que en los últimos años hemos llamado “memoria histórica”. Recordemos que Alfonso XIII tuvo que abandonar el país en abril de 1931 tras haberse proclamado republicanas las ciudades más importantes de España, y todo ello en unas elecciones municipales convertidas, eso sí, en un plebiscito. Y lo que el PP ha hecho con estas elecciones ha sido justo lo mismo, de ahí el derrumbe socialista. De ahí que el argumento del poco peso de las municipales quede por sí solo anulado.

En cuanto al argumento de las reformas, sería conveniente que el gobierno aplicase una política made in Spain ahora que tango le gusta fomentar la marca España, dejándose de imposiciones internacionales como las del FMI que lo único que están consiguiendo es amputar nuestro Estado de Bienestar. Por tanto, antes de pensar en subir de nuevo el IVA o reducir más aún el sueldo de los funcionarios y las pensiones, sería aconsejable estudiar una subida del salario mínimo, lo cual disminuiría la deuda y relanzaría el consumo interno. Una de las ventajas con la que contamos es nuestra obesa Administración pública, y llevar recortes dentro de la misma es un buen recurso por ejemplo, eliminando las diputaciones, las embajadas autonómicas en el extranjero o los observatorios de esto y de lo otro. Otro punto aconsejable sería congelar el presupuesto de defensa, luchar de verdad contra el fraude fiscal, gravar las rentas de capital o mejorar el sistema de subvenciones y exenciones fiscales a las grandes empresas del Ibex35, las cuales apúntese que durante todo lo que llevamos de crisis no han tenido pérdidas excepto tres. Se podría también impulsar el turismo, dándole salida a tanto aeropuerto y línea de AVE construido durante este tiempo. Y no tocar las partidas de sanidad, educación y ciencia si no es para aumentarlas.

Es evidente que la realidad ha hablado y las alternativas están ahí. Si lo único que piensa hacer el gobierno es seguir con las reformas que nos vienen del extranjero, mejor que desista y convoque elecciones lo antes posible. Y si no, también; en política es tanto más importante advertir cuándo se ha terminado el tiempo que saber administrarlo. Lo demás es síndrome de la Moncloa, o como diría Cela, “pan mojao”.

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El pepinazo alemán

No es motivo de brindis el que los estados miembro de la UE no crean en ella como institución máxima de coordinación política, sobre todo si son miembros de la talla de Alemania. Que Europa no es lo soñado (como dijo ayer Griñán) se ha constatado a lo largo de estos últimos meses, en los que la desunión y descoordinación ha sido política común para todos. No estoy muy seguro en dar con el momento exacto del inicio de esta forma de entender la política, pero no tendría menos razón si dijese que una de las principales causas de este creciente nacionalismo ha sido y es el miedo a abandonar el poder de los partidos políticos. Está claro que la crisis económica ha provocado toda una ola de inestabilidad política, que ha arrollado imparablemente los gobiernos que ante ella se presentaban, cosa que en España, Inglaterra e Italia sabemos bien.

Y Alemania conoce también esta verdad, ya que el pasado febrero la CDU (el partido de la canciller Merkel) se desplomó en Hamburgo, con una diferencia de 20 puntos con respecto al partido socialdemócrata, el victorioso de las elecciones. Ante este panorama desolador para la CDU, el gobierno alemán se ha entregado sin pensárselo dos veces a los vientos del electoralismo, haciendo gala de un nacionalismo no visto desde hace tiempo. Y el nacionalismo, mal que nos pese, no es ni concertado ni unionista, de ahí que eso de la UE chirrie en los oídos del Reichstag. Ya se mostró reticente Alemania en apoyar la intervención militar contra Gadafi, lo que fue visto como una salida del cartel europeo, pero además tenemos más hechos, como el que día sí y día también Merkel trate de imponer su discurso económico a todos los estados miembro, cosa imposible pues no todos los países tienen el mismo esquema productivo ni económico. Lo único que está consiguiendo es ahogar a los países en severos problemas financieros con sus políticas de ajuste, y lo hace por el simple motivo de ser quien más deuda tiene en riesgo, pues aunque esto sea legítimo, una cosa es querer recuperar lo prestado cobrando intereses y todos ganamos, y otra bien distinta es que el cobro de la deuda hunda económicamente un país. Así pasan el tiempo en Alemania, unas veces asegurando su deuda y otras haciendo aflorar la idea de que toda la culpa lo tenemos los del sur, y que alguno haría un favor en salirse del euro. Porque, claro está, ellos no han tenido nada que ver. Y frente a este discurso electoral, anuncian unilateralmente a bombo y platillo que en 2022 todas las nucleares desaparecerán en Alemania. Y no me creo que lo hayan hecho por puro convencimiento, pues convencidos estaban de que la nuclear era buena y beneficiosa, y así lo defendió la CDU hasta ayer. Todo vale para ganar simpatías y votos, que es lo que nos interesa, y la chuchería ya ha sido ofrecida a todos los verdes que pedían la desaparición de esta energía. Con ello, parece claro que la CDU se sabe perdida y hace política al día y al dente, que no se aleja mucho de lo que hace aquí el gobierno.

Con ello hay que añadir también los pepinos, ya que sin contar con nadie, sin ninguna prueba científica que diese fundamento a los hechos y sin tan siquiera consultar a los demás estados, Alemania nos culpó del mortal brote de E.coli que se ha llevado la vida de más de quince personas en toda Europa. Y hoy, tan tranquilos, lo desmienten sin haber pedido perdón por el daño causado, aunque solo fuese por educación.

Lo han demostrado; no creen en la política de la UE pues están pensando en lo suyo, ni creen tampoco en el consenso y la aprobación mutua de los retos políticos que inevitablemente tendremos que tomar para pintar algo en el mundo. Que un desplante energético o agrícola del tamaño ofrecido por Alemania estos días debilita la Unión Europea, es indiscutible. Y nos hace creer que esto de la unión y el euro fue simplemente una ampliación del mercado económico en la que Alemania era el mayor productor y banquero, y ahora que todo va mal en ese mercado se tiene que expulsar a aquellos que no compran nada.

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22M

Sobrados son los análisis escritos a lo largo de estos días sobre las elecciones municipales y autonómicas, pero no puedo evitar aportar mi pequeño grano de arena en lo que estimo ser un resumen de todo lo dicho hasta la fecha. Hoy toca PP/PSOE, pero prometo hablar de muchas más cosas en los siguientes artículos.

De lo que no cabe ninguna duda es del gran acierto de la campaña electoral del PP, dirigida por la resplandeciente Ana Mato, la cual supo como nadie dirigir el foco de atención hacia la crisis, los parados y Zapatero, trabajo para el cual -cómo no- contó con la ayuda de todos y cada uno de los dirigentes del partido. De programas electorales, propuestas y centros de convenciones no ha hecho falta hablar, y tampoco llegó a la opinión el trasfondo de los debates entre candidatos, que hubo pocos. Nada de eso se ha tenido en cuenta para conseguir que estas elecciones fuesen una reprobación a la labor del gobierno Zapatero; y lo han conseguido. Es evidente, por tanto, que el gobierno entero sale duramente tocado, más si cabe el PSOE, por esta inaudita derrota que ni una ni otra parte se esperaban. Y es que el fracaso del PSOE se veía venir, vía encuestas o vía sentido común, que además se ha acentuado por la carencia total de un mensaje unitario por parte del PSOE para, si quiera, evitar el descosido. Porque una cosa está clara; mientras el PP consiguió lanzar un mensaje a escala nacional (y repito, ha tenido un claro éxito), del PSOE no hemos tenido más que mensajes de miedo a la derecha y que había que seguir con la reformas las cuales, por cierto, hoy más que nunca se han puesto en tela de juicio por el movimiento 15M.

Así que muchos (porque son muchos los que han votado al PP) pueden estar sin duda contentos por lo que ha sido una victoria histórica en toda regla y un duro revés a Zapatero, que veremos cómo recorre este camino que aparenta ser un verdadero calvario. Ninguna esperanza le queda al PSOE para lo que se avecina en tan solo unos meses. Lo que está claro, y así se ha dado a ver, es que no va habrá adelanto de las elecciones, ya que este gobierno no está dispuesto a perder el honor que confiere empezar y terminar la legistalura en cuatro años, se haga lo que se haga en ella.

Con todo, nunca antes se había conseguido una victoria electoral con tan poco; con tan poco programa, con tan pocas propuestas, con tan poca ideología. Veremos a ver en qué termina todo esto; lo que está claro es que ha empezado toda una ola política (o tsunami, como dicen muchos) que va a cambiarlo todo. Ya no solo porque ha llegado el PP para quedarse (que está bien, ojo; algo de alternancia política siempre es beneficiosa), sino que la reinvención de la izquierda y de la política en general irá marcada por el movimiento de indignados del que, esperemos, los partidos hayan tomado buena nota.

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